¿Jugamos socializando o socializamos jugando?

Por: <br><strong>Juan José González López-Huerta</strong>

Por:
Juan José González López-Huerta

El videojuego se ha convertido en una práctica motivadora, colaborativa y social que potencia los valores, actitudes y comportamientos que promueven los videojuegos en nuestra sociedad, además de otros factores como el reto, la socialización, la participación, y en algunos casos accesibilidad, participación ciudadana y normalización.
Por: <br><strong>Juan José González López-Huerta</strong>

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Juan José González López-Huerta

El crecimiento de las comunidades virtuales de videojuegos

Hace unos días  me vacunaron contra la COVID19. ¡Había llegado el momento!. Fueron unos segundos de miedo e incluso pánico, de incertidumbre, de frustración, de recuerdos negativos, pero también de alegría y emoción. Estos segundos representaron un antes y un después en mi vida. Un momento de reflexión sobre la etapa que todos queremos dejar atrás. ¡Una etapa para olvidar!.  

Pero para algunos sectores no ha sido una etapa tan dura: La industria mundial del videojuego ha crecido un 20% en 2020, llegando a facturar cerca de 180 mil millones de dólares. Este crecimiento no es casual. La pandemia ha sobrepasado el entretenimiento individual llegando a crear comunidades de juego que potencian la interacción, la diversión, la participación, la competición y, sobre todo, el intercambio a través de nuevos canales de comunicación como resultado de la inteligencia colectiva. El videojuego ya es un fenómeno que supera la mera diversión individual y genera los vínculos entre los jugadores, generando, ellos mismos, comunidades virtuales a través de un punto de encuentro: El propio videojuego.

“Puedes descubrir más de una persona en una hora de juego que en un año de conversación” afirmaba Platón cuando hablaba sobre el concepto de “juego”, parte de los hábitos y comportamiento del ser humano desde sus orígenes. Aprendemos nuestras cosas más elementales jugando y crecemos con la ayuda de juegos. Las actuales técnicas de gamificación están basadas en los efectos de los juegos y como afectan en nuestro aprendizaje. 

Esto no ha cambiado ni va cambiar en el futuro. Lo que sí ha cambiado es como se han modificado las mecánicas de juego, principalmente ligado al crecimiento tecnológico de los últimos años, potenciando principalmente el juego online colaborativo y competitivo. 

El videojuego se ha convertido en una práctica motivadora, colaborativa y social que potencia los valores, actitudes y comportamientos que promueven los videojuegos en nuestra sociedad, además de otros factores como el reto, la socialización, la participación, y en algunos casos accesibilidad, participación ciudadana y normalización.

Los videojuegos han dejado de ser una mera forma de entretenimiento individual para pasar a ser una forma de expresión cultural. Los jugadores de videojuegos quieren hablar entre ellos, quieren compartir sus experiencias, buscar objetivos grupales e individuales. Hablan de sus motivaciones, comparten información aprovechando las sinergias, intercambian impresiones desde un contexto lúdico, grupal, social y personal. Este proceso genera una red colaborativa basada en la identificación positiva con el protagonista, la existencia de desafíos o retos a superar y capacidad de provocar retroalimentación constante, el reconocimiento mutuo provocando la influencia y liderazgo de ciertos jugadores capaces de generar comportamientos miméticos entre el resto de los jugadores. 

La atracción que ejercen los videojuegos en los usuarios también es entendida como la “disolución del yo”, ya que los jóvenes ocupan cada vez más tiempo de sus vidas en la pantalla, adoptando personajes, prácticas y aventuras virtuales. Esta teoría queda reforzada por la teoría de la “identidad social” de Henri Tajfel y John Turner, un concepto teórico que sirve para comprender los fundamentos psicológicos y que parte de la premisa de que los individuos definen su propia identidad con respecto a los grupos sociales y que tales identificaciones trabajan para proteger y reforzar la propia identidad”. Ser parte del grupo social implica tanto la categorización de su “grupo” con respecto a un “grupo fuera” como la tendencia a ver su propio grupo con un sesgo positivo frente al grupo externo. 

Ser parte de la comunidad representa satisfacer una necesidad, el sentido de pertenencia, un deseo o la motivación de compartir afinidades participando en el grupo social. Estas afinidades suelen girar en torno a un tema social, un deseo de relación y el sentimiento de comunidad. La primera comunidad se consolida a partir de la World Wide Web y el desarrollo de internet en la década de los 90 cuando empiezan a coger forma y se desarrollan de forma importante y masiva, especialmente durante las últimas décadas.

Los jugadores de videojuegos necesitan participar diariamente en su comunidad virtual como forma de evasión del mundo real. En ocasiones los jugadores crean sus propios personajes virtuales protagonizando aventuras y recibiendo el reconocimiento de otros desde la apariencia virtual adoptada a través de su alter ego.

Podemos definir una comunidad virtual como el punto de encuentro virtual, sin limitaciones espacio temporales, donde se encuentran personas con una o varias motivaciones en común. Esta afinidad les permite interaccionar, comunicarse y participar en una actividad grupal, que revierte y potencia la reputación individual.

En el caso de los videojuegos, las comunidades virtuales tienen el poder de transferir aprendizajes ya que los videojuegos plantean respuestas a simples sueños y deseos de heroísmo, acción y aventura, pero también la posibilidad de derrotar al mal o luchar contra las injusticias.

Desde el punto de vista antropológico estas comunidades se basan en los intereses de los participantes, por lo tanto son “comunidades de interés” que, a diferencia de las comunidades físicas no tienen una localización exacta. Se encuentran en el ciberespacio sin fronteras globalmente delimitadas. Comparten una cultura autorregulada por la red de miembros y dotadas de servicio y herramientas que facilitan la interacción entre los participantes. Las comunidades virtuales de videojuegos comienzan desde dentro, desde el propio videojuego, ramificándose por el resto de herramientas de comunicación, tanto internas como externas, generando un efecto multiplicador en redes de videojuegos, páginas webs, webs y redes de streaming, redes de vídeos, chats e incluso tienen un espacio físico -off- muy relevante para la comunidad.

Las comunidades ideales para productos de potencial de comunidad son las comunidades propias. Se crean desde cero, algunas veces con creadas por los propios videojugadores. Se aprovechan los comentarios de los fans para construir una mejor plataforma de intercambio de información, permiten más control sobre la comunicación con los usuarios. Para ello es imprescindible desarrollar las herramientas adecuadas (web, foros, blogs, redes, etc..) y controlar su evolución.

Un videojuego de éxito tiene muchas posibilidades de tener una comunidad, con o sin el apoyo de la empresa que lo publique. Una comunidad no controlada puede arruinar un producto tras su lanzamiento. La mayoría de los fans empiezan gracias al videojuego pero mantienen su vinculación con la comunidad gracias a las personas.

La creación de comunidades virtuales tiene muchas ventajas para la marca o compañía ya que la comunidad complementa la experiencia de juego. Crea fidelidad entre los usuarios debido al constante información que reciben, y la posibilidad de socializar y compartir sus experiencias. En algunos casos sirven para detectar posibles problemas antes del lanzamiento del producto. Permiten conocer puntos fuertes y débiles sobre tu producto y actuar en consecuencia una vez se ha lanzado el producto y multiplica el impacto de la comunicación de forma cualitativa”.

Los Community Managers son clave dentro de la estructura de marketing de las empresas de videojuegos. Son especialistas en diferentes videojuegos y gestionan las comunidades de sus productos en base a unos objetivos de negocio muy claros. Los gestores de comunidad son piezas clave en el desarrollo de contenido de valor, creando conversación, animando a las personas a participar, monitorizando la presencia online de las marcas y potenciando la cadena de comunicación.

La comunidad puede generar más valor que una campaña de publicidad, convierte el videojuego en algo mucho más grande, un elemento importante en la vida de los jugadores, un fenómeno social, una herramienta realmente eficiente que beneficia la marca, humaniza la empresa y la hace más cercana.

Las comunidades son claves para desarrollar una relación directa con el usuario y la importancia de enviar al público objetivo un mensaje auténtico, innovador y original que permite a las marcas llegar a la mente del consumidor de una forma rápida y eficiente. ¿Por qué intentar llegar a la gran masa cuando existen grupos de fans concentrados en comunidades?

Juan José González López-Huerta

Doctor en CC de la Comunicación, investigando la experiencia de uso en videojuegos con personas con parálisis cerebral. Facultad de Comunicación y Sociología de la Universidad Rey Juan Carlos. Madrid. Ha sido Director de Marketing de Electronic Arts Iberia y Director de Marketing y Negocio de la División de Entretenimiento de Microsoft Ibérica.