La Paradoja de Fermi y la Salud

Por: <br><strong>Miguel Lancha</strong>

Por:
Miguel Lancha

Si la tecnología avanzada en salud está disponible, ¿por qué no observamos su implementación generalizada en el sistema sanitario?
Por: <br><strong>Miguel Lancha</strong>

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Miguel Lancha

Hace unos días tuve el privilegio de asistir al encuentro anual de EiT-Health (European Institute of Technology for Health) en Holanda y pude conocer proyectos y soluciones en salud con un gran potencial disruptivo para los pacientes y los sistemas sanitarios. Gracias a mi trabajo tengo la suerte de conocer a diario este tipo de soluciones, pero me asaltó intrusivamente la paradoja de Fermi: “la aparente contradicción que hay entre las estimaciones que afirman que hay una alta probabilidad de que existan otras civilizaciones inteligentes en el universo observable y la ausencia de evidencia de dichas civilizaciones” y no pude evitar hacer un paralelismo con la innovación en el sector salud. Si sustituimos “otras civilizaciones inteligentes” por “tecnologías avanzadas en salud” obtenemos: La paradoja de Fermi sería la aparente contradicción que hay entre las estimaciones que afirman que hay una alta probabilidad de que existan tecnologías avanzadas en salud en el universo observable y la ausencia de evidencia de dichas tecnologías. Si la tecnología avanzada en salud está disponible, ¿por qué no observamos su implementación generalizada en el sistema sanitario?

En un mundo donde prácticamente vivimos rodeados de avances tecnológicos que prometen transformar cada aspecto de nuestras vidas, la sanidad se percibe como un campo fértil para la innovación. Se nos ha prometido que la inteligencia artificial (IA), entre otras tecnologías, podría revolucionar la forma en que diagnosticamos y tratamos enfermedades, optimizamos procesos y mejoramos el seguimiento y la calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, a pesar de la disponibilidad de tecnologías avanzadas y prometedoras, su adopción en los sistemas sanitarios es, a ojos de los pacientes y los que nos dedicamos a impulsar la innovación en salud, sorprendentemente lenta y limitada.

La tecnología en salud, especialmente la IA, ha mostrado su capacidad para mejorar significativamente la eficiencia y la efectividad del cuidado de la salud. Según un estudio publicado por Accenture, se estima que la IA podría llegar a ahorrar hasta 150 mil millones de dólares anuales en gasto sanitario en 2026 a través de mejoras en la eficiencia y la precisión del diagnóstico y el tratamiento en los EE. UU. (Accenture, 2020). Sin embargo, a pesar de estos impresionantes potenciales beneficios, la realidad en los hospitales y centros de salud es bastante diferente. ¿Por qué no vemos estos avances? Estoy convencido de que los motivos son diversos, pero después de darle alguna vuelta me he atrevido a identificar tres que considero especialmente relevantes. 

En primer lugar, la infraestructura tecnológica. Vaya por delante que en Europa tenemos uno de los mejores sistemas de salud del mundo, algo que debería hacernos sentir muy orgullosos. Se trata de un sistema pensado para ser universal y de alta calidad asistencial, pero desde el punto de vista tecnológico no fue diseñado pensando en la eficiencia, la homogeneidad, la digitalización y la interoperabilidad (fundamentales para los avances tecnológicos actuales). Aunque actualmente se están produciendo avances, los servicios de salud han ido construyendo su arquitectura y su infraestructura mediante “parches” y actualmente tenemos un sistema fragmentado y que a menudo no es interoperable dentro de una misma Comunidad Autónoma. Por dar un ejemplo, podemos tener un algoritmo con marcado CE para el análisis de los Electrocardiogramas que, implantado en los sistemas de salud podría optimizar el diagnóstico de cardiopatías, pero si los centros guardan en papel o en un repositorio local las pruebas, es difícil que el paciente llegue a ver los beneficios de esta tecnología. 

En segundo lugar, nos faltan mecanismos para poder integrar datos de salud personales. Vivimos rodeados de dispositivos validados para recabar información personalizada de salud. Datos que son fundamentales para el avance de la medicina personalizada y predictiva que tanto escuchamos, pero que no vemos llegar. Por poner un ejemplo práctico, si yo fuese un paciente con una patología aguda o crónica, me encantaría hacer llegar al sistema de salud datos que pudieran alertar sobre el empeoramiento de mis condiciones o el desarrollo de comorbilidades. Sin embargo, esto plantea desafíos significativos en términos de privacidad y consentimiento del usuario. La creación de un marco legal y ético robusto que permita a los ciudadanos compartir sus datos de manera segura y proactiva con el sistema de salud es esencial. Este marco debería incluir protocolos claros de consentimiento, mecanismos de opt-in y garantías de seguridad para proteger la privacidad de los individuos. Además, educar a la población sobre los beneficios de compartir sus datos podría aumentar la voluntad de participación.

Por último, la importancia de la generación de evidencia e impacto en el sistema. Tenemos que poder demostrar el valor de las soluciones innovadoras en salud para conseguir su posterior adopción y escalabilidad. Para esto, es necesario que establezcamos un marco de soporte financiero, legal y técnico que permita a los proyectos innovadores probar su eficacia y beneficio en el medio y largo plazo. Los gobiernos y las entidades de financiación deben considerar modelos de financiación que permitan pruebas piloto y estudios longitudinales. Tenemos que ser conscientes de que el desarrollo de tecnología tiene un coste y que su adopción, sobre todo en el corto plazo, también. Los beneficios clínicos y por lo tanto los beneficios sobre el sistema pueden tener un ROI elevado, pero en el largo plazo y necesitamos “altura de miras” para implantar este tipo de soluciones. Además, es crucial que continuemos fomentando una cultura de colaboración entre desarrolladores de tecnología, proveedores de servicios de salud y reguladores para facilitar la evaluación continua y la adaptación de tecnologías innovadoras.

Podemos romper con la paradoja de Fermi en la innovación en Salud y que los avances tecnológicos alcancen su máximo potencial y se implementen de manera generalizada. Para ello es necesario que superemos varios desafíos estructurales y regulatorios. Solo a través de la modernización de la infraestructura tecnológica, la creación de un marco legal y ético para la gestión de datos y el establecimiento de un sistema de apoyo para la validación de nuevas tecnologías, podremos cerrar la brecha entre la promesa de la innovación tecnológica en salud y su práctica real en el sistema sanitario. Esta integración no solo beneficiará a los sistemas de salud, sino que fundamentalmente mejorará la calidad de vida de los pacientes, acercando la medicina del futuro que tanto nos gustaría anticipar.

Miguel Lancha

Licenciado en Derecho y Economía por la Universidad Carlos III de Madrid y con estudios de postgrado en estrategia y gestión en IE University, Miguel cuenta con más de 12 años de experiencia profesional, en Accenture Strategy, donde lideró proyectos estratégicos y grandes transformaciones para el sector financiero. En 2022 se incorporó a AstraZeneca y es el actual director de innovación de AstraZeneca España.