Trabajos de futuro no: trabajos con futuro.

Por: <br><strong>Elena Ibáñez</strong>

Por:
Elena Ibáñez

Este artículo ha sido redactado por Elena Ibáñez desde su perfil de My Public Inbox.
Por: <br><strong>Elena Ibáñez</strong>

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Elena Ibáñez

Aunque normalmente los llamamos trabajos del futuro, la mayoría de ellos ya existen hoy, por lo que deberíamos empezar a llamar a los trabajos con futuro.

Según un estudio del Institute for the Future (IFTF) de Palo Alto, el 85% de los trabajos en 2030 aún no se han inventado. Parece lógico pensar que las tecnologías exponenciales y la automatización de tareas repetitivas nos conduzcan hacia un futuro desconocido. Es normal que pensemos que habrá cambios que ni siquiera podemos imaginar.

La buena noticia es que todos esos supuestos trabajos del futuro ya existen hoy hasta cierto punto. Tenemos muchas evidencias que indican claramente qué trabajos tendrán más empleabilidad en el futuro cercano. Y estas son tres de las evidencias que no debemos perder de vista:

  1. Evidencia sobre el crecimiento de tecnologías exponenciales.
    Contamos con previsiones de crecimiento de las principales instituciones mundiales como el Foro Económico Mundial, el McKinsey Global Institute, Gartner o el MIT. Por ejemplo, sabemos que la nanotecnología superará los 125.000 millones de dólares en 2024 y que la impresión 3D crecerá un 25% anual durante los próximos 5 años. Pero también que el blockchain superará los 7 mil millones de dólares en 2024, con un crecimiento anual del 37%.
  2. Evidencia sobre el impacto de estas tecnologías en las industrias.
    Ya tenemos datos sobre el impacto que están generando las tecnologías exponenciales en los sectores tradicionales. Por ejemplo que en Smart Farming la nanotecnología crece exponencialmente para el desarrollo de sensores inteligentes. Lo mismo ocurre en el sector de la construcción, con la impresión 3D para el montaje de viviendas enteras en menos de 24 horas. Y en 2021 casi el 80% de los bancos utilizarán el blockchain.
  3. Evidencia sobre los nuevos roles a desempeñar.
    Los desafíos que plantean las tecnologías exponenciales acentúan los roles a jugar en el futuro del trabajo. Y uno de estos desafíos es moral. La tecnología nos pone frente a dilemas morales que nunca antes habíamos tenido que afrontar. Avances como los coches autónomos o la modificación genética requieren perfiles éticos y filosóficos que aporten una visión humana. Otro de estos desafíos son las cuestiones regulatorias y legales que aún no se han abordado. Piense en los drones que sobrevuelan a los humanos o en el uso de datos por parte de las empresas. Estas actividades necesitan perfiles legales que comprendan la tecnología. Y al mismo tiempo, existe la urgencia de una nueva comunicación entre máquinas y humanos, que requerirá roles lingüísticos, expertos en procesamiento del lenguaje natural.

De la misma forma, la tecnología también demandará roles de diseñadores, ingenieros, tecnólogos, facilitadores… Estos son los roles futuros que estarán detrás de los trabajos con mayor empleabilidad. Aunque normalmente los llamamos trabajos del futuro, la mayoría de ellos ya existen hoy, por lo que deberíamos empezar a llamar a los trabajos con futuro. Ya hay científicos de datos que regulan las ciudades inteligentes, ingenieros de materiales para tecnología portátil y tecnólogos de bioelectrónica para animales.

Y la evidencia no es solo con trabajos técnicos. Hay directores de proyectos que implementan la telemedicina en hospitales, consultores legales para la modificación genética de alimentos, artistas asistidos por inteligencia artificial o diseñadores de visualización de datos. El hecho de que la mayoría de la gente no esté familiarizada con estos trabajos, no significa que no existan ya (de hecho están creciendo exponencialmente).

La mayor conclusión que se puede extraer del impacto causado en el empleo es que la sociedad no está preparada para los desafíos que se avecinan, especialmente considerando cómo se enseña y se enseña la educación.

En la próxima década se esperan tasas de desempleo del 20% para los profesionales poco cualificados frente a tasas de desempleo inferiores al 3,5% para los profesionales con alta cualificación.

Los cambios no solo afectan a los trabajos: el impacto en el terreno de la formación.

Como si el crecimiento exponencial de la tecnología y el aumento de nuevos puestos de trabajo no fuera suficiente, la industria de la educación sigue rezagada en lo que respecta a las necesidades del mercado. Las instituciones académicas están luchando por mantenerse al día con los avances tanto de la tecnología como de los trabajos, y su respuesta inmediata es la creación de nuevos títulos casi a diario, sin darse cuenta de que va mucho más allá de las materias de cada currículo académico individual.

El necesario debate STEM / STEAM.

“Humanidades” y “ciencias”, como las llamamos habitualmente, se han estudiado juntas durante siglos. De hecho, la universidad medieval se centró en los estudios universales, abandonando la especialización en diferentes campos científicos. No fue hasta el siglo XIX que se llevó a cabo la separación de los estudios de humanidades y ciencias, oponiéndose así las dos principales ramas del conocimiento humano. Preguntarse si debe pertenecer a alguna de estas categorías es cosa del pasado, porque todos tenemos que ir más allá.

Primero, porque la fuerte especialización de las carreras técnicas está disuadiendo a los estudiantes de elegir estos estudios. Según la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), en 2016 solo el 26% de los graduados españoles obtuvieron un título en carreras STEM (sin A). En cambio, el informe EPYCE 2017 predice que aproximadamente la mitad de las profesiones más demandadas en el futuro en España estarán relacionadas con la ingeniería y la tecnología. Este es un problema grave para los jóvenes: en la próxima década se esperan tasas de desempleo del 20% para los profesionales poco cualificados frente a tasas de desempleo inferiores al 3,5% para los profesionales con alta cualificación.

Lamentablemente, en el caso de las mujeres es aún peor. En España, representan solo el 30% de los matriculados en STEM y el 25% en concreto en Ingeniería. Programas como For Women in Science están poniendo en marcha iniciativas para dar visibilidad a las mujeres en este campo. Pero aún queda mucho por hacer para que la formación técnica sea una aspiración para las mujeres.

La escasa formación técnica de los estudiantes españoles es también un grave problema para España como país. La Comisión Europea prevé la necesidad de casi 1 millón de nuevos puestos de trabajo tecnológicos, puestos que no podremos cubrir por falta de perfiles. ¿Quién los cubrirá? No es difícil de imaginar según StudyPortals: el 75% de los graduados STEM en 2030 se concentrarán en los BRICS, el 8% en los EE. UU. Y solo el 4% en Europa. La amenaza a la competitividad europea es una realidad.

La dicotomía ciencia-humanidades deja de tener sentido en un mundo cada vez más automatizado. Las máquinas ya pueden entretenernos, ganarnos al ajedrez o componer y tocar una melodía en el violín. Pero también pueden tomar las finanzas de nuestra empresa, realizar operaciones médicas y conducir vehículos sin conductor. McKinsey estima que el 73% del tiempo que nos pagan actualmente será automatizado. Por tanto, el ser humano debe acentuar lo que los robots no saben hacer: imaginación, ética y empatía.

De este enfoque “robotproof” que da nombre al conocido libro de Joseph E. Aoun, surge la A en STEAM. La A de las Artes, de la filosofía, la creación y la moral. E incluso el automóvil autónomo más avanzado tecnológicamente necesita al ser humano para tomar decisiones, como lo demuestra la iniciativa MIT Moral Machine. En esta prestigiosa universidad, desde hace mucho tiempo, el 25% de sus clases están relacionadas con la literatura, la música o la historia. Y la educación española acaba de dar un gran paso en septiembre de 2018, con la aprobación unánime de la asignatura obligatoria de Filosofía en Bachillerato y 4º de Bachillerato obligatorio. En el ámbito profesional, también se valora cada vez más: el 60% de los CEOS de la Encuesta de CEOs de IBM cita la creatividad como la habilidad más importante en un líder.

Y es tan importante entrenarnos para hacer que las IA puedan programar a otras IA, como lo es proteger los algoritmos de discriminaciones o limitaciones que dañan a los seres humanos.

Elena Ibáñez

INFJ y fundadora de Singularity Experts, una disruptora startup de EdTech que ayuda a las personas a descubrir cuál es su trabajo del futuro ideal, y la formación asociada. En 2020 fue seleccionada Top 100 Mujeres Líderes de España, y en 2021 vuelve a ser candidata. También es Board Member de la W Startup Community, Member del Chapter Singularity University de Sevilla, codirige el Master en Transformación Digital de los Negocios de la UE, y es Advisor en diversas startups. Previamente desarrolló su carrera como Consultora de Estrategia y Transformación Digital en firmas como McKinsey, KPMG y EY (Ernst&Young). Más información aquí.