Y mientras tanto, la orquesta sigue tocando

Por: <br><strong>Julián Isla</strong>

Por:
Julián Isla

El envejecimiento de la población y el aumento de la presión asistencial hacen que cada vez sea más difícil conseguir atención médica de calidad.
Por: <br><strong>Julián Isla</strong>

Por:
Julián Isla

Imagina por un momento que estás a bordo del Titanic, el majestuoso transatlántico que se creía insumergible. La orquesta toca melodías alegres mientras los pasajeros disfrutan de la velada, ajenos a la tragedia que se avecina. De repente, el barco choca contra un iceberg y comienza a hundirse lentamente. La orquesta, en un acto de profesionalidad y dedicación, sigue tocando para mantener la calma entre los pasajeros. Esta escena, inmortalizada en la película de James Cameron, se ha convertido en una poderosa metáfora de cómo a veces, ante una catástrofe inminente, seguimos actuando como si nada ocurriera.

En mi experiencia personal como padre de Sergio, un niño con síndrome de Dravet, una enfermedad rara que afecta a toda la familia, he sentido que estamos en un Titanic particular. Navegamos por un sistema sanitario que se hunde lentamente, mientras la orquesta sigue tocando. Los médicos y enfermeras se esfuerzan por mantener la calma y brindar atención, pero la realidad es que el barco se está hundiendo.

El envejecimiento de la población y el aumento de la presión asistencial hacen que cada vez sea más difícil conseguir atención médica de calidad. Las listas de espera interminables para recibir la primera asistencia o atención quirúrgica son la norma. Los medios nos dicen que hacen falta más médicos, pero ¿es esa la solución? La realidad es que el problema va más allá de simplemente contratar a más profesionales sanitarios. Aunque es cierto que un aumento en el número de médicos y enfermeras podría aliviar temporalmente la presión sobre el sistema, no aborda las causas subyacentes de la crisis. El envejecimiento de la población implica un aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas y complejas que requieren atención continua y coordinada. Además, los avances médicos han permitido que más personas sobrevivan a enfermedades que antes eran mortales, pero esto también significa que necesitan cuidados a largo plazo.

Por otro lado, la presión asistencial no solo se debe al aumento de la demanda, sino también a la ineficiencia del propio sistema. Los profesionales sanitarios dedican una gran parte de su tiempo a tareas administrativas y burocráticas que les restan tiempo para atender a los pacientes. La falta de coordinación entre los diferentes niveles asistenciales y la fragmentación de la atención también contribuyen a la ineficiencia y a la duplicación de esfuerzos.

Mientras tanto, la inteligencia artificial generativa irrumpe en el escenario, prometiendo revolucionar la medicina. Vemos ejemplos impresionantes de su uso en diagnósticos más precisos y tempranos, tratamientos personalizados basados en el perfil genético de cada paciente, y análisis masivos de datos que permiten descubrir patrones y predecir resultados. La IA generativa tiene el potencial de transformar la forma en que se practica la medicina, mejorando la eficiencia, la precisión y la personalización de la atención médica.

Sin embargo, a pesar de estos avances prometedores, cabe preguntarse si esta tecnología realmente está llegando al día a día de los pacientes y sus familias. En muchos casos, parece haber una desconexión entre las aplicaciones vanguardistas de la IA en la investigación médica y la realidad cotidiana de las personas que navegan por el sistema de salud.

Para los pacientes con enfermedades raras como Sergio, que requieren atención médica constante y coordinación entre múltiples especialistas, la promesa de la IA generativa puede parecer lejana. Las familias siguen enfrentando desafíos como la fragmentación de la información médica, la falta de comunicación entre proveedores, y la carga administrativa de gestionar citas, tratamientos y trámites burocráticos. Además, la implementación de soluciones basadas en IA generativa en la práctica clínica enfrenta barreras significativas, como la necesidad de validación clínica rigurosa, la integración con los sistemas existentes, la capacitación del personal médico, y consideraciones éticas y de privacidad de los datos. Superar estos obstáculos requerirá un esfuerzo concertado y colaborativo entre investigadores, proveedores de atención médica, reguladores y la industria tecnológica.

En última instancia, para que la IA generativa tenga un impacto real en la vida de los pacientes y sus familias, debe traducirse en herramientas y soluciones prácticas que aborden las necesidades y desafíos cotidianos que enfrentan. Esto podría incluir aplicaciones que faciliten la coordinación de la atención, centralicen la información médica, apoyen la toma de decisiones clínicas y empoderen a los pacientes para participar activamente en su propio cuidado. Solo entonces podremos decir que esta tecnología transformadora está realmente llegando a quienes más la necesitan. Los profesionales sanitarios dedican horas interminables a tareas administrativas que no aportan valor. Aquí es donde la inteligencia artificial podría marcar la diferencia, liberándolos de estas tareas aburridas y permitiéndoles concentrarse en lo que realmente importa: humanizar la sanidad y ser médicos de verdad.

En nuestra experiencia con Sergio, nos hemos convertido en los gestores de su enfermedad. Coordinamos las citas médicas, registramos sus innumerables crisis epilépticas (más de 2000), pedimos ayudas para sus tratamientos y consolidamos su información médica para que los médicos puedan entenderla. Además, somos los cuidadores de los abuelos de Sergio. Todo esto lo hacemos con muy pocas ayudas, sintiéndonos como esos personajes que hacen malabares con platillos chinos girando sobre palos.

Si eres joven y sano, quizás sientas que este problema está lejos de ti. Pero no deberías sentirte ajeno. Tarde o temprano, necesitarás ayuda médica, y puede que esa ayuda no llegue porque el sistema se estará hundiendo mientras la orquesta sigue tocando. Es hora de que los pacientes despertemos y nos demos cuenta de que estamos en un Titanic sanitario. No podemos seguir bailando al son de la orquesta mientras el barco se hunde. Tenemos que exigir cambios, presionar para que se invierta en soluciones reales y no en parches temporales. Debemos abogar por un sistema sanitario centrado en el paciente, donde la tecnología se utilice para aliviar la carga administrativa y permitir que los profesionales se dediquen a lo que mejor saben hacer: cuidar de nosotros.

No esperemos a que el agua nos llegue al cuello para actuar. Seamos proactivos, alcemos nuestras voces y trabajemos juntos para construir un sistema sanitario sostenible y humano. Porque si no lo hacemos, la orquesta seguirá tocando mientras el Titanic se hunde, y nosotros nos hundiremos con él.

Julián Isla

Julián Isla es gestor de recursos para el grupo de Inteligencia Artificial en Microsoft. Es ingeniero de software de formación y tiene más de 29 años de experiencia trabajando en empresas internacionales de tecnología de la información. Tiene experiencia ayudando a los clientes en la transformación digital y cómo usar las posibilidades de la inteligencia artificial para llevar a las organizaciones hacia la automatización de procesos . También es fundador de Fundación 29, una organización sin fines de lucro centrada en cómo la inteligencia artificial puede ayudar a las personas a tomar decisiones sobre su propia salud, basándose en la evidencia proporcionada por los datos y respaldada por sistemas de inteligencia artificial.