Volver a empezar

Por: <br><strong>Rafael Puyol</strong>

Por:
Rafael Puyol

Se trata de una nueva vida laboral, de una segunda carrera distinta a la anterior, que conlleva más riesgos, pero también más gratificaciones si la suerte los acompaña. Se trata del camino definitivo hacia la jubilación
Por: <br><strong>Rafael Puyol</strong>

Por:
Rafael Puyol

La demografía no es la única variable del mercado laboral, pero sí ejerce sobre él una influencia decisiva.

El caso de España resulta ilustrativo a estos efectos. Tres componentes esenciales condicionan el volumen y la estructura de dicho mercado: la natalidad, la inmigración y el envejecimiento. La fuerte caída de los nacimientos ha reducido la población joven (16-29 años) entre 2008 y 2022 en 1,5 millones, lo cual explica a su vez, al menos en parte, la disminución de los jóvenes en la población activa y ocupada.

Y digo, al menos en parte, porque la pérdida de jóvenes activos fue de 1,9 millones y la de ocupados de 1,7 millones, lo que denota la acción de otros factores extra demográficos relacionados con el estudio o la emigración de profesionales.

Aunque no son muchos, los extranjeros evitan que las caídas de población joven y de activos y ocupados de esas edades sean mayores. En el otro extremo de la pirámide, observamos un crecimiento de la población sénior (55-69 años) que gana 2,3 millones entre 2008 y 2022. Eso repercute en un incremento de los activos (2,1 millones) y de los ocupados (1,8 millones) mayores.

En definitiva, los cambios recientes en la demografía española están redefiniendo el mercado de trabajo en el que vamos a tener menos jóvenes, más inmigrantes y más personas con más años. También más mujeres porque las corrientes inmigratorias se están feminizando y entre los séniors crecen más las féminas que los varones, aunque éstos conserven la primacía.

Así pues, el desarrollo de la longevidad está provocando y lo hará más en el futuro, un aumento de los trabajadores de edad en nuestro mercado de trabajo. En el tercer trimestre de 2022 ya teníamos 4,1 millones de ocupados mayores que representaban el 20 % de la población empleada total del país. De esos trabajadores la mayoría sigue laborando por cuenta ajena, pero empieza a haber una parte significativa y creciente de trabajadores por cuenta propia (autónomos).

Son algo más de 900.000 y representan casi el 25 % de todos los trabajadores séniors con 55 y más años. Hay entre ellos más hombres que mujeres y su importancia va aumentando con la edad. El tramo de 55 a 59 años concentra el 22% de todos los ocupados mayores; entre 65 a 69 ya representan el 50 % y son tres de cada cuatro por encima de los 70 años.

Hay dos tipos de trabajadores autónomos: los que siempre han ejercido esta modalidad de trabajo (“nativos por cuenta propia”); y los que con anterioridad desempeñaban una actividad por cuenta ajena que se ven obligados a convertirse en autónomos por falta de alternativas. Estas son las personas que “vuelven a empezar” a través de otra modalidad laboral, a veces deseada, otras no pretendida, pero ineludible si quieren seguir activas.

Se trata de una nueva vida laboral, de una segunda carrera distinta a la anterior, que conlleva más riesgos, pero también más gratificaciones si la suerte los acompaña. Se trata del camino definitivo hacia la jubilación que normalmente se produce más tarde que en el caso de los trabajadores por cuenta ajena.

La razón principal del cambio de modalidad laboral está apuntada: a partir de los 45 años y más desde los 55 existen serias dificultades en la contratación de personas por cuenta ajena. España es un país con una cultura de abandono temprano del trabajo. Hay personas a las que se prejubila a la escandalosa edad de cincuenta y tantos años y son muchas las que salen bastante antes de la edad legal del retiro que ahora se sitúa en los 66 años.

Algunos se adaptan o se resignan a esta salida anticipada, pero muchos de los que quieren seguir en la carrera laboral no tienen más remedio que hacerlo por su cuenta.

Hay distintas modalidades para ello. Ciertos profesionales trabajan por proyectos para su empresa anterior o para otras compañías, lo que en el mundo anglosajón se denomina Gig Economy. Otros crean su propia empresa en la que trabajan de forma individual o contratan a otras personas. Un nuevo grupo se convierte en emprendedores, una modalidad laboral que sitúa a España a la cabeza de los países europeos y que tiene una tasa de éxito superior a la de los emprendedores júnior.

Y aunque sin remuneración, es preciso recordar la importancia que adquiere el voluntariado de los mayores en una multiplicidad de actividades que abarcan la formación, el asesoramiento, la atención de personas o la prestación de servicios.

Cualquiera de las fórmulas para continuar en la actividad, está soportada por una mejora de la salud y por la fuerte terciarización de la economía que multiplica los trabajos que no exigen un gran esfuerzo físico. Y supone para los trabajadores de edad toda una serie de ventajas materiales (ingresos) o inmateriales como el desarrollo de la autoconfianza o el sentimiento de sentirse útiles.

Todo hace pensar que esta evolución del mercado laboral con menos jóvenes hará imprescindible la presencia de más séniors. Serán necesarias políticas que incentiven su permanencia, que luchen contra el edadismo y que faciliten el trabajo intergeneracional.

Hemos iniciado el camino de la “silverización”, pero a nadie se le oculta que será largo y difícil y que exigirá un fuerte compromiso de todos los interlocutores del mercado: la administración, los sindicatos,las empresas y los propios trabajadores. Pero más vale que nos concienciemos pronto de que no hay otra solución ya que sin los séniors, el mercado laboral no tiene futuro.

Rafael Puyol