Climate Tech, las startups que nos ayudan a salvar el planeta

Por: <br><strong>Juan Jesús Velasco</strong>

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Juan Jesús Velasco

Que el cambio climático es real, a estas alturas, es un hecho muy difícil de refutar (por no decir imposible). Solamente tenemos un planeta que hemos llevado hasta los límites de la sobreexplotación.
Por: <br><strong>Juan Jesús Velasco</strong>

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Juan Jesús Velasco

Hablar de cambio de modelo productivo parece sencillo pero su implementación es compleja y, sobre todo, es lenta y gradual. No podemos parar todo, cambiar las cosas y, posteriormente, retomar la actividad. 

Tenemos que ir cambiando las cosas a la vez que seguimos con nuestra vida diaria, nos movemos, viajamos, movemos mercancías, las fábricas siguen produciendo o seguimos explotando la naturaleza a través de la ganadería o la agricultura.

La tecnología, afortunadamente, es un catalizador y acelerador de los cambios y, en este caso, también es una de las palancas clave hacia la transición energética, la preservación del medioambiente y la lucha contra el cambio climático. De hecho, la lucha contra el cambio climático también es una gran oportunidad de negocio para los emprendedores y startups porque en ellos está la clave para ayudar a las empresas actuales a mitigar su impacto y transicionar hacia modelos más sostenibles.

Esto es lo que conocemos como “Climate Tech”, soluciones tecnológicas que tienen como objetivo reducir las emisiones de dióxido de carbono a nuestra atmósfera y, por tanto, contribuir a que alcancemos un modelo que sea totalmente neutral con nuestro entorno (las famosas cero emisiones).

Según el informe Climate Tech Report 2022, existen en el mundo más de 45.000 empresas que tienen como objetivo abordar la crisis climática y, de hecho, esta cifra se ha multiplicado por cuatro desde 2010 hasta la actualidad. Este crecimiento en el número de empresas también se ha visto acompañado de una creciente actividad en el ámbito de la inversión en este tipo de compañías moviéndose durante 2021 más de 111.000 millones de dólares, año récord de inversión en “Climate Tech”.

En España esta tendencia en inversión también se ha materializado en la última convocatoria de FOND-ICO, el fondo público del Instituto de Crédito Oficial (ICO)  para invertir en fondos de capital-riesgo que inyecta 410 millones de inversión en fondos que invierten en empresas. En la última convocatoria lanzada por el ICO se primaba, precisamente, que los fondos invirtieran en empresas orientadas hacia la sostenibilidad.

Por tanto, estamos vivimos un “momento” clave para este tipo de compañías tanto por la oportunidad y demanda existente en el mercado como la oportunidad de acompañamiento desde la perspectiva de la financiación y, de hecho, el mapa de empresas en España es cada vez más activo.

Para compensar hay que ser consciente del impacto

Una de las claves básicas de la compensación de emisiones y el camino hacia las “emisiones cero” es la consciencia del impacto de nuestra propia actividad; un aspecto que es clave en el ámbito empresarial y que, a veces, se usa más como herramienta de marketing o “green washing” y no como un principio básico o compromiso con el entorno.

Un buen ejemplo de esta “necesidad de consciencia” es la propuesta de Respira, una compañía que ofrece a las empresas una calculadora para medir su huella de carbono, es decir, el impacto que su actividad genera en el medioambiente. ¿El objetivo de esto? Que una empresa pueda entender qué impacto genera su actividad y pueda desarrollar planes de sostenibilidad que compensen su propia huella.

Esta senda es la que también ha tomado Dcycle o Greemko que también ofrecen a las empresas un panel en el que pueden analizar sus datos de impacto y, de una manera autónoma, poder desarrollar sus propios planes de compensación.

Los planes de sostenibilidad no son algo adscrito a las grandes corporaciones, toda la actividad suma para lo bueno (compensación) como para lo malo (emisiones); por tanto, democratizar el análisis de esta información y acelerar la toma de conciencia de las empresas es una clave para el futuro.

De hecho, esto es algo que también aplica a la gestión de entornos urbanos donde también es clave el seguimiento de parámetros como las emisiones no solo por sostenibilidad e impacto ambiental sino que también lo es para la propia calidad de vida de los ciudadanos y aquí es donde inciden empresas como Hopu, facilitando a las administraciones públicas locales la gestión de redes de sensores destinados al control medioambiental de un entorno urbano. 

 ¿Y una vez que una empresa es consciente de su impacto cómo pasa a la acción? Compensando sus emisiones.

No hace mucho, Bll Gates criticaba que cuando se habla de emisiones de gases siempre se tiende a simplificar la solución en “plantar más árboles”. 

De hecho, Marc Benioff, CEO de Salesforce, lleva tiempo defendiendo un proyecto llamado 1t.org con el que pretende plantar y conservar un billón de árboles con el que, según la ONG Climate Interactive, evitaremos que la temperatura suba 0,15 ºC en 2100 y conseguiremos compensar el 60% de las emisiones del año 2050 (siempre y cuando podamos sumar mil millones de árboles más a los existentes y no perdamos ninguno).

Aunque las cifras asusten, la realidad es que todo suma para bien y la compensación a través de la reforestación es una de las vías habituales a las que recurren muchas empresas y también se están convirtiendo en una interesante oportunidad para emprendedores y startups.

Uno de los modelos habituales es el de los marketplaces de compensación que ponen en contacto a propietarios de fincas con empresas que quieren compensar sus emisiones. Es un modelo de win-win en el que se promueve la conservación forestal y a través de la compensación de emisiones de las empresas que, además, registran esta compensación de créditos en el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Ejemplo de esto son empresas como AirCO2, Climate Trade (que también ayuda a las empresas con una calculadora de su propia huella), Reforestum o CO2 Revolution y donde también gigantes como Repsol a través de su fundación hacen su incursión con “Marketplace Motor Verde” con la idea de que los particulares también entren en este ciclo de compensación de su propia huella.

Otro aspecto clave también es el de la propia gestión de nuestras operaciones y en un país donde el sector agroalimentario es uno de los puntales del PIB, una gestión eficiente y sostenible de los recursos naturales tiene un doble impacto en nuestro propio futuro (económico y medioambiental).

En este sentido empresas como Coolx ayudan a tomar mejores decisiones en el sector agrícola para que su actividad económica no sea un acelerante de la deforestación sino más bien todo lo contrario. 

Otro camino interesante es el que abre Slow Philosophy con el análisis, a través de la tecnología, del suelo para ver cuál es el mejor cultivo que podría regenerar una parcela de suelo abandonada generando actividad económica, contribuyendo a la compensación de emisiones y, por tanto, alcanzando el ansiado equilibrio entre economía y sostenibilidad (algo que han hecho con su propia marca de Azafrán, uno de los cultivos con mayor rendimiento económico que existen).

Y, evidentemente, la compensación no es la única vía a seguir. También podemos apostar por no generar emisiones y abrazar la transición a energías renovables, por ejemplo, para cargar nuestros vehículos eléctricos o para alimentar nuestras instalaciones. 

El Sol está ahí y empresas como Onyx transforman las ventanas de los edificios en paneles solares gracias a su cristal fotovoltaico o la apuesta por el suelo solar que ofrece Solum y que dota de energía a cargadores de vehículos.

¿Y a nivel particular podemos tomar parte?

Todos tenemos que ser parte activa porque, como suele decirse, el Planeta es la herencia que vamos a dejar a las siguientes generaciones y cambiar nuestros hábitos es una de la acciones a tomar aunque llegar ahí parte de la base de que estemos concienciados con el problema y que queramos ser parte activa de la solución.

Muchas empresas apuestan por la concienciación de sus empleados a través de sus planes de sostenibilidad y recurren a herramientas de gamificación como palanca para formar y concienciar a sus equipos tanto para su vida laboral como para su vida personal. Servicios y aplicaciones como Ciclogreen (enfocada en la movilidad sostenible), The Planet App o The Good Goal abren la puerta a esta transformación cultural y concienciación tanto en el ámbito personal como en el ámbito empresarial.

Otra apuesta interesante es la que propone Tribaldata en el ámbito del marketing. Si ya somos impactados cada día por la publicidad que se apoya en los datos que hemos compartido con anunciantes y plataformas que usamos cada día, ¿qué pasaría si vendiésemos nuestros datos por una buena causa como la reforestación? Aquí es donde entra este servicio que propone “canjear el valor de nuestros datos publicitarios” por árboles plantados.

Aunque suene un poco a ciencia-ficción, la idea es  agrupar a perfiles de personas con intereses comunes y facilitar estas agrupaciones segmentadas a las empresas para que puedan dirigir sus campañas a audiencias mucho mejor cualificadas.

Seguramente, escribir este artículo haya tenido un impacto en huella de carbono que aún no somos capaces de medir pero, en no mucho, será un dato que tendremos que manejar para saber cómo compensarlo y, seguramente, sea una app la que nos lo indique.

Juan Jesús Velasco

VP of Corporate Sector en Genially. Ingeniero de telecomunicación y MBA. Ha dirigido una aceleradora de startups en Andalucía y colabora como mentor en distintos programas nacionales e internacionales. Es docente en escuelas de negocio y programas de innovación. Escribe en su blog kewlona.es y colabora con Xataka.