Dietas saludables y sostenibles

Por: <br><strong>Carmen Cuadrado Vives</strong>

Por:
Carmen Cuadrado Vives

“Cada vez hay más problemas para que los actuales sistemas alimentarios puedan proporcionar alimentos suficientes, inocuos, diversos y ricos en nutrientes para todos, y que contribuyan a una dieta saludable. Debido -entre otras cosas- a las limitaciones resultantes de la escasez de recursos y el deterioro ambiental, así como a modelos insostenibles de producción y consumo”
Por: <br><strong>Carmen Cuadrado Vives</strong>

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Carmen Cuadrado Vives

Este fue uno de los reconocimientos de la Segunda Conferencia Internacional de Nutrición, organizada conjuntamente por la FAO y la OMS (2014) y es uno de los desafíos para el Decenio de las Naciones Unidas de Acción sobre Nutrición 2016-2025. Busca la transformación de los sistemas alimentarios para promover una alimentación saludable, producida de forma sostenible y que mejore la nutrición. Todo ello con el objetivo de lograr los objetivos mundiales de nutrición y alimentación, en concordancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por la ONU. Que se establecieron como un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos. Los diferentes objetivos están interrelacionados entre sí, y según cómo se trabaje sobre uno de ellos, incidirá en posibles avances o retrocesos en los otros.

Frenar la degradación de los recursos naturales y limitar el calentamiento global, pero a la vez proporcionar una dieta nutricionalmente adecuada a una población mundial en crecimiento y cambiante, se convierte en una urgente necesidad. Toda educación, incluso la nutricional, debe orientarse hacia una colaboración en la conquista de territorios solidarios, que tienen como referencia estos ODS.

Las dietas saludables sostenibles son patrones alimentarios que promueven todas las dimensiones de la salud y el bienestar de las personas; tienen una baja presión e impacto ambiental; son accesibles, asequibles, seguras y equitativas y, además, son culturalmente aceptables.

Dirigirse hacia sistemas alimentarios sostenibles es un desafío que se incorporó a la Agenda 2030. El ODS 2 -poner fin al hambre y a todas las formas de malnutrición- incorpora algunas metas que tratan específicamente sobre la sostenibilidad de los sistemas para producir alimentos; sobre mantener los ecosistemas; sobre adaptarse al cambio climático; sobre la mejora de la calidad de los suelos; y sobre conservar la biodiversidad. En otros ODS se plantean desafíos relacionados: el ODS 12.3, la reducción del desperdicio alimentario; el ODS 14.4 y 6, hacer sostenible la explotación pesquera; y el ODS 15, preservar los ecosistemas terrestres y luchar contra la desertificación.

Sabemos que una dieta saludable es aquella que promueve el crecimiento y el desarrollo, pero, al mismo tiempo, una dieta saludable ha de prevenir la malnutrición.

No hay que perder de vista que el objetivo es conseguir esa alimentación saludable y mejora de la nutrición. Las dietas saludables sostenibles son patrones alimentarios que promueven todas las dimensiones de la salud y el bienestar de las personas; tienen una baja presión e impacto ambiental; son accesibles, asequibles, seguras y equitativas y, además, son culturalmente aceptables.

Sabemos que una dieta saludable es aquella que promueve el crecimiento y el desarrollo, pero, al mismo tiempo, una dieta saludable ha de prevenir la malnutrición. Hay que tener en cuenta que el término “malnutrición” ya no solamente se refiere a la desnutrición, el retraso en el crecimiento, la falta de peso o la deficiencia de vitaminas o minerales. Actualmente se entiende que la malnutrición, en todas sus formas, incluye tanto la obesidad como los factores alimentarios que aumentan el riesgo de enfermedades no transmisibles (ENT), como las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes y ciertos tipos de cáncer.

Asegurar que una dieta saludable tendrá un bajo impacto medioambiental o que una dieta ambientalmente sostenible será saludable, no siempre ha de darse por sentado. Lo más importante sería ir adaptándonos a dietas que contengan una menor proporción de energía (calorías) procedentes de alimentos de origen animal, en particular de carne de rumiantes, al igual que hacia dietas en las que el consumo calórico sea suficiente para satisfacer los requerimientos de cada persona. En muchos países esto significa reducir la ingesta de energía, aunque en algunos países de bajos ingresos puede ser necesario, por el contrario, incrementar la ingesta calórica.

Algunas dietas o patrones alimentarios pueden aportar beneficios ambientales al equilibrar su contenido, reduciendo (en el caso de que fuese alto) aquellos alimentos de origen animal, adoptando dietas sostenibles. El medio ambiente suele ser más vulnerable a la producción intensiva que a los sistemas tradicionales de producción, cría o pesca. Es por esto por lo que se hace necesario fomentar sistemas alimentarios armónicos y sostenibles.

Modificación de los hábitos alimentarios.

Modificar los hábitos alimentarios representa un reto importante por razones culturales, políticas y económicas, y exige que los gobiernos, las empresas y las comunidades (personas) adopten medidas que vayan más allá de la implementación de programas de información y educación. La alfabetización alimentaria y la sensibilización son herramientas necesarias para promover una alimentación responsable que esté comprometida con el medioambiente y el comercio a la vez. Además, sin olvidar el enorme impacto que aun supone el desperdicio alimentario en nuestros tiempos en determinados países.

Los beneficios de adoptar dietas saludables y ambientalmente sostenibles pueden variar de un país a otro; se pueden conseguir desde distintos patrones alimentarios, aunque en todos ellos los alimentos de origen vegetal tienen un peso importante.

La Dieta Mediterránea (Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO), es un patrón alimentario caracterizado por la abundancia de frutas, verduras, frutos secos, legumbres, semillas y pescado, un uso cuantioso de aceite de oliva, productos lácteos en cantidades moderadas y una baja cantidad de carnes rojas. Constituye uno de los modelos alimentarios más saludables, tradicionales y sostenibles del planeta. No se trata únicamente de un conjunto de alimentos, son también las formas de producirlos y elaborarlos. Conservar este modelo de dieta en áreas geográficas en las que ha constituido un modelo tradicional y promocionarla no sólo tiene efectos sobre la salud y la calidad de vida de las personas y de la comunidad, sino también sobre la salud de nuestro planeta.

Carmen Cuadrado Vives

Profesora de Nutrición y Dietética y Doctora en Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid. Docente en varios Grados y Másteres de la UCM y de otras universidades españolas. Miembro del Comité científico de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), del Grupo Innovadieta y Académico de Número y Miembro de Honor de la Academia Española de Nutrición y Dietética. Sus principales líneas de investigación incluyen Dietética y Nutrición culinarias y ampliación de las Tablas de Composición de Alimentos en España, valoración del estado nutricional de diversos grupos de población, epidemiología nutricional, estudio de la relación dieta-salud.